Por Israel Pedroza*

La Provincia de Manabí es una de las 24 que conforman la República del Ecuador, en la zona geográfica conocida como región Litoral o Costa y situada al occidente del país latinoamericano.

Según el análisis situacional del estudio de caso sobre condiciones de vida, inclusión social y cumplimiento de derechos humanos de la población LGBTI del Instituto Nacional de Estadísticas y censos en el Ecuador en cuanto a Experiencias de discriminación, exclusión o violencia, vividas por la población LGBTI entrevistada en diversos entornos, arrojó que más del 50% sufre este tipo de actos, tanto en espacios públicos como privados. Esto sin contar las cifras alarmantes en espacios jurídicos, educativos y laborales. Estos datos fueron publicados para el año 2017.

De allí proviene Teresa, una hermosa ecuatoriana con un corazón noble y una mirada segura que esconde inocencia pero a su vez un deseo de superación increíble. Esta vez nos cuenta, como estando en el cuerpo ajeno, el duro camino que tuvo que atravesar para sentirse segura.

“Bienvenidos al aeropuerto Adolfo Suarez Barajas… fue el momento donde mi respiración comenzó a agitarse cada vez más, pero muy en el fondo sentí que mi libertad estaba comenzando. Mi opresión tenía fin pero me faltaba un paso.” Nos relata Teresa con los ojos alegres, mostrando seguridad al hablar y nos afirma que hay que tenerla siempre, sobre todo cuando se es una persona transgénero debido a los múltiples prejuicios a los cuales se somete.

Eran las 3 de la mañana, mi cuerpo comenzaba a notar el cambio de clima. Caminando la puerta de embarque, una luz tenue alumbraba el pasillo. Ésta me llevaba al lugar que destiné para mi refugio y para salvaguardar mi vida. Eran pasos lentos pero firmes. Con lágrimas cayendo por mis ojos, una por cada persona que amaba en mi vida y que no podía ver más por el hecho de ser como soy.

La historia de Teresa, como la de muchas mujeres transexuales que llegan a España, nos hace reflexionar sobre el duro camino de estas personas que viven en cuerpos ajenos.

¿Qué viene a hacer a España?, me pregunta el oficial de migración y rápidamente le respondí que mi vida corre peligro. Necesito pedir asilo. Pues allí me explicó que debía esperar hasta las 7 de la mañana para que el personal me pudiera orientar.

Las personas que solicitan protección internacional en puestos fronterizos, realizan una entrevista en la cual tienen que contar cuales son las razones por las que lo solicitan. Se les pide que sea de manera detallada, haciendo énfasis en el tipo de persecución y la razón por la que solicita asilo.

Fueron horas largas para mí; pero al llegar el momento, estaba de primera cuando amablemente fui atendida. Me explicaron el proceso y tras dormir una semana en un espacio del aeropuerto, destinado para solicitantes de protección internacional en el área, me derivaron a una entidad que me recibió en el país. Mi vida cambió.

La vida de Teresa ha tenido muchos episodios, de los cuales recuerda todos y cada uno de ellos. Fue un joven que desde muy pequeño siempre sintió atracción por otros chicos pero le generaba cierta incomodidad, todo esto por la crianza que llevaba de sus padres quienes le echaron de su casa a los 13 años y amenazaron de muerte por tener un comportamiento distinto.

“Recuerdo que era un pequeño cuando mi padre me descubrió en casa con otro chico y recibí muchos golpes por ello. Me pegaba hasta sangrar” nos comenta Teresa, quien posiblemente ya no tenga esas marcas en el cuerpo pero sí en la memoria que jamás olvidará.

“Fui la vergüenza de la familia, intenté suicidarme con algún tipo de veneno que no recuerdo, y luego de llevarme al médico lograron intervenir y salvarme la vida”. Cuenta Teresa con la voz un poco quebrada cuando justo al irse huyendo de sus padres lo hace sin nada, a la espera de algo que no sabía cómo llegaría, ni cuándo: alguien que le valorara y viviera una vida plena.

Al caminar sin destino, y sin alimentos ni ropa para sobrevivir, descansó en un terminal muy cercano a su pueblo y su vida comenzó a cambiar.

“Cuando llegué a Guayaquil conocí a una mujer muy amable. Rosalía me hospedó en su casa, me compró ropa y lo más importante: me aceptaba tal como era. Fue tanto el cariño que me invitaba a trabajar juntas en un pequeño puesto de comida que tenía en el terminal. Con ella compartí tres maravillosos años.”

Aún siendo chico, Teresa a sus 17 años comienza su transición y decide volver a casa para reencontrarse con su familia quienes le pensaban muerto. Lo que menos se esperaba es que ya no estaban en la misma dirección y mucho menos que su padre le amenazara con matarle si no se marchaba.

Su proceso de cambio fue progresivo. No sentía pertenencia a su cuerpo e inclusive le incomodaba. A pesar de no conversar de manera detallada sobre el tema, Teresa nos explicó el duro proceso de transición en un país heteronormado, donde la vida pareciera que no se encontraba a su favor.

 “Luego de compartir con otros amigos, decidí irme a Quito donde me encontré con desprecio por mi orientación sexual y además por cómo me vestía. Al verme como una chica, mi propio padre me amenazó de muerte si me quedaba en su casa. Con lágrimas en los ojos me volví sin rumbo a la calle.”

El rostro de Teresa nos muestra una imagen agotada del día a día, pero jamás vencida ante cualquier adversidad. Tanto, que aprendió el oficio del estilismo y se dedicó a él, gracias a la ayuda de personas que estuvieron a su alrededor.

Después de varios años, le abre las puertas al amor, conociendo a un chico ruso. Eugene se convirtió en su amigo, su compañero de vida quien durante diez años compartió una maravillosa experiencia.

“Esa fue la mejor parte de mi vida. Conocí el amor y a pesar de tenerle miedo, ha sido el único que ha tocado mi corazón.”

Pero no todo fue agradable en diez años. A pesar que el amor había tocado su puerta, fue víctima de un nuevo ataque.

“En mayo de 2018, recibí un ataque hacia mí y hacia mi propiedad. Rompieron todo lo que con mucho esfuerzo había construido junto a Eugene. A pesar de hacer las denuncias, nunca tuve una respuesta hacia ello. Más bien recibí burlas por parte de la policía.”

A pesar de intentar secuestrarle en septiembre, no lo lograron. Su casa fue centro de ataques con grafitis xenofóbicos y a raíz de ello se fue sola a Uruguay. Allí estuvo casi un mes. Dejó sus bienes materiales que quedaban y también lo más importante para Teresa: el chico que había conquistado su corazón.

“Dejarlo todo significó para mí un momento muy duro. Jamás pensé que iba a ser protagonista de una terrorífica historia cuando había escrito las mejores líneas de mi vida. Era feliz, tenía empleo, hogar, amor y en un momento lo perdí todo.”

Al estar en Uruguay, país que le recomendaron por ser un país incluyente, se dio cuenta que no era así. Se encontró con un rechazo tal, que no pudo conseguir empleo. La única oferta que le ofrecieron fue prostituirse, cosa que jamás compartió.

Teresa huye hacia España gracias al contacto que tenía con Eugene, que le ayuda a salir de Uruguay hacia un territorio seguro. Es en España donde consigue tener una vida segura y una mayor estabilidad emocional.

Estando aquí, conoce Kifkif y empieza a participar en las actividades que desarrollamos. Ha sido una experiencia maravillosa tanto para ella como para quienes le acompañamos.

La figura de “agentes de salud” es una iniciativa de Kifkif que nace debido al interés por multiplicar la información en materia de salud sexual. Este espacio surge con carácter integrador; y aborda temas como la prevención y promoción de la salud, así como la reducción de riesgos asociados a las ITS y el vih. Además de generar espacios de diálogo entre iguales, enfocado en la población migrante y/o LGTB.

“Hoy día me siento una persona sumamente feliz siendo como soy. Tengo una vida estable y me siento segura de mi misma. Hoy día sigo profesionalizando mi oficio de estilismo y lo combino con actividades sociales. Para mí, ser agente de salud de Kifkif ha sido un cambio maravilloso. Con esta actividad me siento plena y desde estos espacios aporto mi grano de arena a una España más justa, más incluyente, mas social.”

Y es que sin duda, historias como estas son las que nos llenan de esperanza para construir un mundo sin barreras, un mundo donde todos, todas y todes podemos convivir entre iguales.

> Israel Pedroza, área de comunicación de Kifkif

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Tránsito Estaba entre escoger la transición o la muerte