Por: Jeannette Tineo*

¿Qué significa el duelo migrante? ¿Cómo se expresa?

Duelo migrante es un concepto que refiere a las  experiencias afectivas que envuelve el proceso migratorio, a las   viejas y nuevas heridas que abre dicho proceso   antes, durante y posterior al “ir y venir” de nuestros territorios. En este aspecto, trata de las marcas y memorias que comporta habitar el mundo  con “un pie aquí y otro allá”.

La noción de duelo migrante, se utiliza psicosocialmente para indicar el proceso de desarraigo, sufrimiento y desconexión que padecemos cuando salimos de nuestro territorio, ya sea por «decisión propia» (estudios, trabajos, relaciones amorosas, reagrupación familiar, etc.) o por expulsión (motivos económicos, de guerra, violencias, desplazamiento forzado, persecución al género, a la identidad, a la sexualidad, a las prácticas políticas – activistas,   etc.). Toda migración implica matices específicos que determinan y matizan la experiencia del duelo migratorio, por tanto su trámite emocional no es homogéneo.  En el siguiente cuadro se caracterizan algunos elementos comunes de este proceso de duelo.

 

Emoción Expresión
Miedo – Temor Este sentimiento se asocia con la  ansiedad  o  desasosiego que impone el cambio de lugar. Esta sensación se experimenta, porque no hay certezas respecto al  presente y el futuro cercano. Hay una percepción global de desconexión o división del ser, porque «el cuerpo aquí, pero la cabeza está en otro lugar»; la  realidad  suele ser captura en términos de amenaza, peligrosidad y desconfianza. Estas sensaciones son desproporcionales,  cuando los motivos de la migración se relacionan con agresiones directas o indirectas, en razón de la identidad de género y/o la orientación sexo-afectiva, dada las múltiples  «caras de la violencia» que atraviesan la existencia LGBT.
Nostalgia Es una emoción relativa a la añoranza,  tristeza y el l vacío que genera el dejar espacios, personas, también objetos, alimentos, sonidos, tonalidades  que hacen parte de la historia afectiva. Se activa en la memoria corporal, la sensación de abandono, soledad y  pérdida, por tanto, se genera una sensación melancolía que  puede implicar la depresión, como una expresión grave de dicha sensación.
Confusión Esta afectación se experimenta dado el desarraigo y el tener que afrontar nuevos códigos de lenguaje, costumbres, estéticas,  etc. En términos de idioma, cabe destacar que la lengua trata de cómo representamos e imaginamos la realidad propia y del entorno, la forma particular en que comunicamos quiénes somos, qué pensamos, sentimos, de este modo, no poder expresarnos con nuestros códigos de lenguaje, vuelve de algún modo, inaccesible o áspera la realidad circundante.
No pertenencia Este sentimiento es vehicular de la experiencia migrante, en tanto, las personas que migramos, llegamos a países, comunidades, etc., que no tienen adecuadas políticas de inclusión a la disidencia sexual que minimicen el impacto de  llegada. La necesidad de pertenecer o hacer parte de espacio, es una necesidad básica que se rompe en el proceso migratorio, sobre todo, para quienes convivimos la experiencia de la disidencia sexual, porque partimos – llegamos a contextos con marcadas visiones heterocéntricas que producen transfobia, lesbofobia, homofobia, ligadas también al  racismo, sexismo,  adultocentrismo, etc.
Frustración La frustración proviene del no cumplimiento o el desengaño que impone la realidad socioeconómica y afectiva en el contexto de llegada,  en contraste con las   fantasías y  los deseos de progreso al momento de la salida.  El proceso migratorio, trata de obtener  una  “visa para un sueño”, es decir, esperamos que el de llegada,  sea mejor que el de partida,  porque estamos buscando mejorar, transformar nuestra situación – condición material vital. Este deseo, tiende a  ser constantemente opacado por el contexto de exclusión que vivimos las personas migrantes, sobre todo cuando se viaja en condición administrativa irregular y cuando no se tienen privilegios ligados con la identidad de género, edad,  niveles educativos, color de piel, nacionalidad, diversidad funcional, etc.
Re-existencia La condición migrante en todo momento, implica el uso de la capacidad de agencia, reinvención y creatividad. Esta fortaleza para la reinvención de las condiciones y propia vida se evidencia constantemente individual-colectivamente, apoyando no solo a las familias de origen, también al desarrollo del país en el que se llega.

Sin dudas cuando migramos, el sentido del tiempo y el espacio cambia radicalmente. En este sentido,  las personas que migramos tenemos que lidiar con  rupturas y separaciones, según las emociones descritas en el cuadro anterior.  Sin embargo,  las causas y formas de migración no  son idénticas, están demarcadas por  elementos de  identidad de género, sexualidades, edades, color de piel, nacionalidad, diversidad funcional,  situación administrativa,  condición de salud,  etc., son estos elementos interconectados, los  que determinan las ventajas  y desventajas que pautan nuestra existencia migrante. Dicho de otro modo, caminamos, transitamos el mundo, según privilegios o vulnerabilidades que condicionan cómo se resuelve  “el duelo migrante”.

¿Cuáles son las características del duelo migrante?

Ningún proceso o trámite  migratorio es de por sí fácil, rápido y respetuoso de las  experiencias y los  saberes de quienes migramos,   al contrario, dependiendo del lugar que ocupamos en la  escala social, según  las estructuras patriarcales, capitalistas, racistas, heteronormativas y capacitistas, vamos a emigrar con mayor o menor grado de posibilidades de  passing, dentro de las lógicas progresistas liberales de integración al país que llegamos. Por esto,  toda persona migrante vive una experiencia de duelo particular, porque carga en sus espaldas una  mochila más pesada o más ligera, según el pasaporte que le identifica.  Son estas experiencias, junto a la red de apoyo – cuidados que cada persona tiene, tanto en el país de origen como en el de llegado, los que  harán  más fácil o más complejo el proceso de elaboración del duelo migrante.

Como todo duelo, entonces el duelo migrante,   trata de las pérdidas y las heridas que se abren frente las separaciones, ausencias o rupturas que se afrontan, en el territorio de partida y en el de llegada. La terapeuta feminista Fina Sanz (2007), reflexiona los duelos  en términos de un proceso de laberinto, entendido como un camino o viaje que implica confusión, perderse y desorientarse. Es sus palabras  es una encrucijada que implica una fase de  inicio, el desarrollo del viaje y la salida. Siguiendo esta idea, el duelo migrante constituye una oportunidad de sanación espiritual, económica, sexual, emocional; relacional, etc., que nos resitúa de una manera diferente, tanto en el país de origen como al de llegada.  A partir de las migraciones, nos convertimos en personas transfronterizas, en seres que somos, metafóricamente un puente (Anzaldúa, 2016) que generamos constantemente  oportunidades de transformación social, económica, cultural, espiritual, afectiva, sexual, etc.

El duelo migrante, tiene un carácter latente y recursivo, es decir, está presente aún cuando no se manifiesta abierta, porque constantemente se reabre en la memoria, como por ejemplo: llamadas telefónicas, visitas, fotografías, olores, músicas, etc. Este carácter recurrente proviene de convivir sabiéndonos «allá y aquí». Dicha simultaneidad  de la existencia, implica una agencia extraordinaria para solventar no solo el «aquí y ahora», si no el «allá que es aquí y ahora». Al mismo tiempo, respecto al espacio-tiempo, por más duro que sea convivir en nuestros territorios, aun cuando nos han expulsado de nuestros lugares de origen (familias, políticas, economías, etc.)  por ser disidentes sexuales, siempre hay algo de ese lugar que nos cobija; que nos ampara como no puede abrazarnos el lugar al que llegamos.

Por otra parte, no menos importante, está  la dureza  de experimentar  que cuando migramos, empezamos a vivir la diáspora, el peregrinaje o éxodo, vamos caminando sabiendo que ya no somos «ni de aquí ni de allá», se convive en ese espacio ambiguo que en muchos casos se traduce en la no pertenencia. A la vez tenemos la certeza  de ser de “muchas partes a la vez”, esta percepción tiene que ver con privilegios, pero también con tejidos de relación – vivencias que se viven tanto en los países a los que se llega, como de los que se parte. Suele ser una sensación muy conectada con el mundo laboral, con los grupos creados; con las redes afectivas generadas en el nuevo lugar. De todos modos, es considerable  la sensación de extranjería y no pertenencia que vivimos las personas LGBT, aun en nuestros países, dada la condición de convivir una ciudadanía de segunda o tercera categoría, dada nuestra disidencia sexual.

En la literatura disponible sobre  duelo migrante, se destacan unas fases  comunes a dicha experiencia. En el siguiente diagrama las resumo brevemente.

Las fases o momentos  del duelo migrante, tienen características comunes a cualquier duelo (divorcio, muerte, etc.), sin embargo, su carácter repetitivo le vuelve una situación habitual en la cotidianidad en tres ámbitos fundamentales:

  • Nuestro mundo interior: emociones, sensaciones, sentimientos
  • Nuestro mundo relacional próximo: familias, amistades, vínculos amorosos,
  • Nuestro entorno comunitario-institucional: Los recursos responsables de garantizar y proteger nuestros derechos.

En cuanto a las fases del duelo migrante  LGTB, particularmente es determinante romper la invisibilidad, el ocultamiento y  silenciamiento que la cultura violenta heterocéntrica,  demarca en nuestras memorias y cartografías migrantes.  Se trata en ese sentido, de generar recursos de distinto tipo que nos permitan «acuerparnos», es decir, fortalecer los lazos de amistad, complicidad y acompañamiento entre quienes vivimos experiencias comunes de migración  en elterritorio no solo de la geografías, si no también de la sexualidad, del género, la raza, etc.

Cada cuerpo  tiene una memoria histórica. Cada persona que transita, atraviesa o transgrede una frontera, está  transformando (se) así mismx;  al mundo del que parte y al mundo al que llega. Es así como la migración constituye agencia;  por la capacidad resiliente de las personas migrantes – racializadas. Cada historia de vida migrante individual – colectivamente, es un reflejo de la creatividad, de la inventiva y el tejido común que somos capaces de crear, desde las narrativas misma del duelo en el que buscamos sanación, justicia y espacios comunes de reparación.

¿Cómo trabajamos en Kifkif el duelo migrante? ¿Qué hacemos?

La estrategia de la entidad se basa en un trabajo “entre iguales”, es decir, se prioriza una asesoría, tipo acompañamiento  fundamentado en las experiencias comunes que unen,  tanto al equipo profesional, como a quienes acuden a la entidad en busca de apoyo. Algunos de los elementos que orientan lo que hacemos en materia de asesoría psicológica,  se basa en enfoques y criterios que ponen en el centro la necesidad de las personas LGBT que acuden a nuestra entidad, por tanto, valoramos y priorizamos las historias de violencias, agresiones y los impactos que estas situaciones importan a la tramitación del duelo migrante. Estos enfoques prioritarios son:

El apoyo o  la asesoría que ofrecemos se centran en tres tipos de intervenciones:

  • Atención individual: Se trata de la creación de un espacio seguro, confiable y confortable para las personas que acuden a la entidad. En esta atención se procura la escucha activa, la comprensión de la propia historia y la sanación de las heridas que implica el proceso migratorio, vinculado a las agresiones lgtbfóbicas.
  • Atención grupal: Son espacios de conversación colectiva. En estos espacios se teje la amistad, la complicidad y cuidado mutuo entre quienes participan. Se trata de formas de crear vínculo, red entre padecen o conviven situaciones similares de dolor asociadas al proceso migratorio.

> Jeannette Tineo es psicóloga, psicoterapeuta, y forma parte del área social de Kifkif.

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Tránsito Duelo migrante: “Con un pie acá y otro allá”